Adoradores de Bastet …

Un análisis detallado sobre el comportamiento social y la tenencia de mascotas en Estados Unidos reveló una correlación inesperada entre las convicciones religiosas de las personas y su preferencia por los felinos domésticos. La investigación sugiere que los dueños de gatos tienden a asistir con menor frecuencia a templos e iglesias en comparación con los propietarios de perros o personas sin mascotas.
El estudio, titulado “How Religion Predicts Pet Ownership in the United States” (Cómo la religión predice la tenencia de mascotas en los Estados Unidos), fue elaborado por los sociólogos Samuel Perry, de la Universidad de Oklahoma, y Ryan Burge, de la Universidad de Illinois Oriental. El informe fue publicado formalmente en la revista académica Journal for the Scientific Study of Religion en marzo de 2020.
Para llevar a cabo el análisis, los investigadores cruzaron datos sociodemográficos extraídos de la General Social Survey (GSS), examinando variables como la afiliación religiosa, la frecuencia de asistencia a cultos y los tipos de animales presentes en los hogares estadounidenses.
Los resultados arrojaron que las personas que nunca asisten a servicios religiosos poseen un promedio de 1.96 mascotas. Sin embargo, ese número cae drásticamente a 1.38 entre aquellos individuos que acuden a la iglesia múltiples veces por semana. Al desglegar los datos por especie, la brecha negativa se concentró casi exclusivamente en los dueños de gatos, mientras que la tenencia de perros no mostró variaciones significativas según la práctica religiosa.
Según los autores del informe, la explicación radica en la dinámica de interacción social y emocional que ofrece cada animal. Las comunidades religiosas suelen satisfacer las necesidades humanas de pertenencia, apoyo y vinculación comunitaria. Quienes participan activamente en ellas encuentran en la iglesia su red principal de contención, reduciendo la necesidad de buscar apego emocional en mascotas de compañía.
Por el contrario, los felinos —caracterizados por su independencia y comportamiento reservado— suelen ser elegidos por personas con perfiles más introvertidos o independientes. Los investigadores señalaron que la relación con un gato funciona a menudo como la de un «compañero de piso», ofreciendo una presencia afectiva sin la exigencia de dinámicas grupales o rituales comunitarios.
Asimismo, las diferencias de personalidad analizadas en la literatura científica indican que los dueños de perros suelen registrar mayores niveles de sociabilidad y apego a las normas comunitarias, características muy afines a la vida parroquial. En contraste, los amantes de los felinos tienden a mostrar mayor apertura a estilos de vida no convencionales, prefiriendo interacciones individuales sobre los eventos masivos.